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La precariedad golpea la clase trabajadora en su conjunto, pero con especial virulencia a los sectores más vulnerables, más reducidos en su capacidad de respuesta colectiva: jóvenes, mujeres e inmigrantes.
¿Qué nivel de vida tiene la juventud actualmente? ¿Cómo viven ese millón setecientos mil jóvenes que el 9 de marzo acudirán a las urnas por primera vez? Sin duda, peor que hace cuatro años.
De los que se estrenan en estas elecciones, pocos serán los que lo noten, al ser en su mayoría todavía dependientes de sus familias. Pero los que han superado la veintena tienen ya conciencia de la precariedad. Mientras tanto, los que se van a cercando a la treintena ven cómo su situación se estanca en un eterno periodo de prácticas con condiciones precarias. Y los que disfrutan de trabajos más estables ven cómo su sueldo se evapora entre subidas de precios, hipotecas, canon digitales y demás. Resulta sonrojante recordar cómo fue en esta legislatura en la que se popularizó el término “mileurista” para referirse a las difíciles condiciones salariales y de vida de la juventud. La carcajada fue general. Al poco tiempo, se constató que cobrar mil euros es una bicoca para la mayoría de la juventud. En este panorama apocalíptico, donde parece que no hay sitio para la esperanza, donde la utopía se queda en el “postmodernismo” del todo vale pero nada queda, existe mucha gente que lucha, que se resiste al empeoramiento de sus condiciones de vida, o aquellos cuya precariedad es tal que lo único que pueden hacer es luchar por mejorar, porque peor no pueden ir las cosas. Algunos ejemplos son los inmigrantes que han sufrido luchas en sus carnes por la legalización de su estado en España, los investigadores que todavía siguen luchando por adecentar su situación actual que no llega a laboral (los becarios precarios) y podríamos extendernos con las luchas y regulaciones de empleo de SEAT, los astilleros, Telefónica, ZINCSA, DELPHI, etc. Todo esto durante gobiernos del PSOE y del Partido Popular, entre ellos no hay amigos de clase. La precariedad está de moda.
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