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Actualmente el sistema educativo está sufriendo un cambio de modelo, del paradigma propio del Estado de Bienestar al paradigma neoliberal. De entender la educación como un derecho y un deber de la sociedad para con sus conciudadanos, a considerarla como una inversión individual y privada. De buscar que la rentabilidad repercuta en el bienestar general de toda la sociedad, a buscar que solo sea rentable a quien invierta en ella. De ser un espacio de sociabilidad a uno de competitividad.
Este intento de cambio de paradigma es algo que aquí se nos vende como “Convergencia Europea” o como “EEES”, un mero proceso de convergencia cuyo único indicio de soberanía son las reuniones bianuales que mantienen los ministros de educación, donde los ciudadanos de UE no hemos sido consultados para realizar tales cambios. En realidad es un proceso más universal, pero igual de carencia de soberanía popular. De hecho, las estructuras creadas para la participación de las multinacionales en América latina son casi idénticas a las diseñadas en España. ¿Quizás por que son las mismas multinacionales las que invertirán en ambos sitios (Repsol, Gas Natural, Telefónica...)? Vemos por tanto como se trata de un proceso impuesto desde arriba, falto de democracia desde el principio. Por parte del estado español, esta revolución neoliberal está siendo apuntalada mediante las LOUs (tanto la del PP en 2001, como la del PSOE en 2007) y la L.O.E. La pauta: el estudiantado entendido como bolsa de clientes, meros sujeto pasivos, cuya pauta de comportamiento es la competencia directa para poder seguir estudiando. Así se entiende que por ejemplo, el abusivo poder que se da la figura del rector en la universidad y a la de director en los centros de EEMM, restándoselo al claustro y torpedeando así una mayor participación de la comunidad educativa (AMPAS, representantes estudiantiles, profesores no numerarios,etc…). Por otro lado, la forma que han encontrado las multinacionales (verdaderas inductoras y beneficiarias de la adaptación neoliberal) ha sido convirtiéndose en los grandes lobbys dentro de los Consejos Sociales de las universidades (órgano donde se decide donde se va a gastar el presupuesto), ocupando el sitio que debería corresponderle a auténticos agentes sociales (AAVV, Asambleas por una vivienda digna, Plataformas ciudadanas, Asociaciones Medioambientales o de defensa del Patrimonio, etc..) para que de verdad se pueda conseguir una universidad que satisfaga las necesidades de la población. Quizás el ejemplo más claro de cambio de paradigma esté en la financiación de la educación, puesto que durante los últimos años se ha ido retirando cada vez más dinero público del presupuesto de educación (y lo que es más preocupante, de esa cantidad cada vez menor, cada año se destina más a la enseñanza privada, enseñanza controlada mayoritariamente por entidades religiosas que poco tener de objetivas, racionales o científicas) para así crear un déficit estructural al que el neoliberalismo no le encuentra más respuesta que dejar el control de la universidad en manos de la multinacionales y en segregar, elitizar y precarizar al estudiantado mediante la vía de la libre competencia. Al fin y al cabo eso es lo que pasa en el actual mundo del libre mercado. El poner la educación a los pies del libre mercado no solucionará los problemas de ésta, sino que la encorsetará y contagiará de los males del neoliberalismo (precariedad, siniestrabilidad, elitización y falta de soberanía y por tanto de democracia). La única solución para parar esta ofensiva neoliberal pasa por sacudir a una sociedad que se quiere dejar pasiva por parte de quien controla el mundo. Sacudirla para que vuelva a pelear por sus derechos y se gane a la fuerza su lugar en la esfera educativa, participando mediante iniciativas ciudadanas en pugnas sociales, medioambientales, sanitarias, laborales. Ganándose la democracia mediante la participación en la lucha por sus derechos, esa es la única forma en que se parará a la ofensiva neoliberal en la educación y se podrá pasar a diseñar una educación basada en solucionar los conflictos usando el racionalismo, el saber hacer científico y a la sociedad en su conjunto. |